Por: César Acuña Peralta, alcalde de Trujillo
Con profunda vocación libertaria los peruanos, los trujillanos en especial, celebramos este 28 de Julio 188 años de independencia política y por lo tanto rendimos homenaje a los precursores y a los héroes de esta gloriosa gesta de 1821. Pero este festejo también nos obliga a una responsable reflexión.
No podemos dejar de lado esta patriótica efemérides sin mencionar el grito de libertad de Trujillo, que encendió la antorcha de la independencia nacional. El 29 de diciembre de 1820, el grito libertario retumbó a lo largo y ancho del país y avivó el espíritu revolucionario del pueblo peruano.
Por eso, nuestro homenaje también a los protagonistas de la gesta libertaria de Trujillo, en cuyo recuerdo se erigió el monumento en pleno centro de la Plaza de Armas, que luce ahora más hermoso luego de los trabajos realizados para ponerlo en valor y sea un real atractivo para propios y extraños.
La gesta emancipadora que recordamos debe motivarnos a reavivar nuestro espíritu revolucionario, para hacer el gran cambio que necesita el Perú. Ese gran cambio debe traducirse en un país donde haya paz y justicia, es decir, bienestar, sin exclusiones o marginaciones.
El Perú, a través de la historia, ha vivido subyugado a grandes intereses políticos y económicos que no le han permitido despegar en su desarrollo y progreso como quisiéramos, es decir, alcanzar una mejor calidad de vida para todos.
El país requiere una profunda transformación estructural, orientada a la paz social con justicia. Para ello, es necesario rescatar la auténtica política del país y ver al Perú como una gran empresa nacional para el desarrollo y el progreso e instaurar un nuevo modelo de desarrollo en torno a la lucha frontal contra la pobreza, la generación de riqueza, más trabajo e ingresos justos.
Es imprescindible construir un nuevo Estado, promotor de la inversión y el desarrollo social para la construcción de un país humanista, democrático y descentralista, con objetivos claros, como revalorizar la educación, la cultura, la ética y la civilidad para construir una sociedad moderna.
El Perú necesita un Estado humanista, que tenga como fin supremo el bienestar de la persona humana, inspirados en los valores históricos de la humanidad, orientado a consolidar una sociedad basada en el respeto a la vida y a sus derechos fundamentales: la educación, la salud y el trabajo.
Los peruanos debemos impulsar una democracia sólida, propugnando la participación ciudadana en todos los niveles de la organización gubernamental y social, abriendo espacios para el diálogo y la comunicación sobre la base de valores: respeto, tolerancia, armonía, cooperación y transparencia, que conduzcan a lograr consensos como base para el desarrollo y el fortalecimiento del Estado de Derecho.
Demos aspirar a construir un país moderno, basado, esencialmente, en la descentralización y regionalización, logrando una efectiva desconcentración del poder, la redistribución de los recursos, garantizando una verdadera autonomía de los pueblos en su lucha por el desarrollo y preservando la unidad y el fortalecimiento de la patria.
El objetivo primordial es alcanzar la justicia social con inversión, que garantizará la vida con dignidad, la salud y la educación con calidad, el trabajo productivo con reglas claras y equidad.
¡Felices fiestas patrias!





