01 agosto 2009

¡Haya Vive!

Por Manuel Rodríguez Romero


¡Haya Vive!, tituló a todo lo ancho de su primera página el diario La Industria el martes 7 de agosto, al dar cuenta de la llegada de los restos mortales del líder demócrata y fundador del Partido Aprista Peruano (PAP), Víctor Raúl Haya de la Torre, la noche del lunes seis.
Tuve el privilegio de haber sido designado por el director de La Industria para cubrir, como periodista, el arribo del féretro del hijo más ilustre que había tenido la ciudad de Trujillo en el siglo XX. El amplio informe que hice, tanto para primera página como para el suplemento especial, llevó el título ¡Haya Vive!, creado por Guillermo Miranda.
Haya de la Torre murió el dos de agosto de 1979, provocando una conmoción nacional y continental nunca antes vista y nunca después repetida. El pueblo de Trujillo, sin distingos político-partidarios, raza, religión, etc., se volcó al óvalo Grau para recibir los restos del líder indoamericano, que llegaron finalmente a la Plaza de Armas.
El día anterior, según cuentan, “Haya de la Torre apretó tres veces la mano de Jorge Idiáquez, su secretario personal, pero no pudo decir nada, pues el hondo estado de coma en el que estaba le había quitado por completo la magia de la palabra. Para entonces, en Villa Mercedes –su hogar–, y acaso en todo el país, sólo se esperaba el último desenlace”. El jueves dos, por la noche, los médicos liberteños Santiago Carranza y Luis Pinillos Ganoza, así como algunos dirigentes del APRA, miraban con desesperanza el aparato que medía los signos vitales del maestro.
Finalmente, a las 10 y 47, Haya lanzó su último hálito de lucha. Armando Villanueva, dolido pero con fuerza, salió a la puerta de la casa e informó a los periodistas: "¡Ha muerto Haya de la Torre! ¡Viva Haya de la Torre!". En pocos minutos, la dirigencia mayor del viejo partido se congregó en Villa Mercedes, unida por la fraternidad más dolorosa de su medio siglo de existencia. Alan García, entonces joven secretario de organización, se abrazó con Carlos Roca, en medio de lágrimas mutuas, relata el escritor Ramiro Escobar.
Luego de 30 años, Trujillo vuelve a rememorar este episodio y que bien que se haga para rendirle homenaje póstumo a Haya de la Torre, por haber sido ejemplo para la juventud, por sus ideales y su praxis política, por luchar por una patria nueva en bien de los niños, los jóvenes, obreros manuales e intelectuales.
Por eso, es un acierto que el alcalde de Trujillo, César Acuña Peralta, quien se considera admirador de Haya de la Torre, haya propuesto una sesión solemne para rendirle homenaje, tal como lo hizo el año pasado, al que invitó a Carlos Roca Cáceres para el discurso alusivo, teniendo en cuenta que es uno de los discípulos predilectos del fundador del aprismo.
Además, según el pensamiento de Acuña Peralta, líder fundador del partido nacional Alianza Para el Progreso (APP), “quien funda un partido político lo hace con el noble fin de servir al pueblo y pensando en el bienestar del Perú”. Víctor Raúl Haya de la Torre encarnó ese pensamiento, de ahí que su mayor mérito fue buscar la integración latinoamericana.
Practicó la política con el ejemplo y no recibió un sol a cambio de algo. Si así fueran todos los políticos, otra cosa fuera la política actual. Por eso, es preciso, ahora que el aprismo atraviesa una hora crucial, invocar a muchos apristas a retomar las ideas del extinto líder a fin de consolidar la democracia en el Perú.
Los políticos deben actuar con lealtad al Perú. Esta lealtad debe traducirse en servicio, especialmente para quienes menos tienen, no defraudando a sus electores que los eligieron para trabajar por el bienestar común y alcanzar mejor calidad de vida para las nuevas generaciones. Eso es hacer patria. De ser así, este sería el mejor homenaje a Haya de la Torre, y no acordándose de él solamente en las fechas de su nacimiento o de su muerte.