Por Manuel Rodríguez Romero
La mujer andina, que junto al marido labra la tierra desde muy temprano, cuando raya la aurora, o aquella que cuida el rebaño, es la mujer heroica que vive con sacrificio para lograr que sus hijos sean hombres y mujeres de bien y de éxito.
Ayaque, caserío que no figura en el mapa como tantos otros pequeños pueblos del ande, se caracteriza por tener gente con pundonor y pujante, que se levanta ante la adversidad: la pobreza.
Ayaque es un pequeño paraíso, de envidiable clima, de cielo despejado y hermosos campos verdes y floridos, principalmente en el mes de mayo, en que abundan los choclos y el queso. Pertenece al distrito de Tacabamba, provincia de Chota, región de Cajamarca.
Este humilde lugar cobijó a la familia Acuña-Peralta hace 50 años. Ahí doña Clementina, una mujer campesina que no fue a la escuela y que su esposo (Héctor) con apenas primero de primaria, forjó con mucho coraje a doce hijos, ahora exitosos profesionales y empresarios.
El deseo de que sus hijos sean “otra cosa” y no corran la misma suerte de su padre, que era un pequeño y próspero agricultor, fue el impulso para que la familia Acuña-Peralta abandone la rústica casa y la parcela, para que sus hijos estudien en la escuela del pueblo.
Don Héctor, era un caballero respetable, que al igual que doña Clementina, era honrado y muy trabajador. Sin embargo, la visión la tenía aquella y recordada mujer de trenzas clásicas, de noble rostro y encendido amor por sus hijos.
César, el cuarto de los doce hermanos Acuña Peralta, confiesa que al terminar la secundaria su hermano Leopoldo, su padre quiso que se quedara a estudiar para profesor en Chota. Su madre, sin embargo, se impuso para que estudie en una universidad, que podía ser en Trujillo, Cajamarca o Lima. Ahora Leopoldo es un prestigioso médico.
Doña Clementina repitió la historia con el resto de sus hijos. Pese a no tener los recursos logró lo que se propuso. “Mi madre tuvo el coraje de educarnos. Ella fue la mejor maestra que hemos tenido en la vida”, relata César Acuña Peralta.
“Entonces deben imaginarse ustedes por qué adoro tanto a mi madre y cómo quiero a las mujeres, en especial a las más humildes. Al verles su rostro es como estuviera viendo el rostro de mi madre”, expresó emocionado, al recibir regalado un busto de la imagen de doña Clementina Peralta.
Tras soltar algunas lágrimas de emoción, el alcalde de Trujillo expresó que nunca soñó tener un día tan feliz en que recibe este busto de su madre, que es un cariño especial de la red internacional de los Misioneros de la Medalla Milagrosa, a pedido de un grupo de vecinos de la Urb. San Isidro.
Doña Clementina era y es ejemplo de valor, coraje, honestidad y sacrificio maternal. Hacía “malabares” para alimentar y enviar a estudiar a sus pequeños y numerosos hijos. “Mi vida es un milagro de Dios, que me sigue alumbrando hasta hoy”, confiesa con humildad César Acuña.
Ella, por sus virtudes, es ejemplo de mujer y madre, que pese a no tener educación supo inculcar valores a sus hijos, que son ahora exitosos, que incluso han triunfado en la política, como el encumbrado César, y también Humberto, presidente regional de Lambayeque.
Precisamente, César es fundador del consorcio universitario más grande del Perú, dos veces congresista, dos veces presidente de la Asociación de Municipalidades del Perú (AMPE) y dos veces alcalde de Trujillo.
El busto de doña Clementina Peralta será colocado este sábado 16, en la mañana, en un hermoso parque construido por la Municipalidad Provincial de Trujillo en la urb. San Isidro.
Y para perennizar el nombre de esta mujer emblemática, los moradores de San Isidro han decidido que el parque lleve por nombre “Clementina Peralta de Acuña”. ¡Merecido homenaje!





